LA CREACIÓN DE LOS ANIMALES DEL
PESEBRE
En el sexto día de la creación Dios creó los
animales terrestres.
En días
anteriores, ya había creado los cielos con sus astros: el sol, la tierra y la
luna y, con ellos, el día y la noche, también había creado la tierra firme y el
mar. Había llenado la tierra de hermosas plantas, árboles de frutos sabrosos y
flores exuberantes; y los ríos y el mar de peces de todos los colores y tamaños
y todo tipo de plantas y animales marinos.
En la
mañana del sexto día Dios dijo: "Vuelen las aves sobre la tierra, en el
cielo. Y la tierra se llene de seres vivos: animales domésticos, reptiles y
animales salvajes". Así creó la mayoría de los animales.
Pero
Dios pensó: "Todavía faltan los animales principales, los que tendrán una
misión especial que cumplir en mi Pesebre. Faltan todavía el burro, la vaca, el
cordero y el hombre”.
La creación del burro
Y
tomando un poco de barro marrón oscuro, Dios le dio forma al burro, que mantuvo
en la piel el color del barro con el que fue moldeado .
Y Dios
dejó al burro secándose. Cuando se había escurrido la mayor parte del agua, el
barro alcanzó consistencia y el burro se convirtió en un ser vivo.
Y Dios
le dijo:
- Tú,
burro, serás un ser que no se pertenece a sí mismo, que no trabaja para su
propio beneficio sino para beneficio de los demás y especialmente a mi
servicio. Tu alegría y felicidad estarán en el servir.
Vas a ser
un animal de carga: llevarás en el lomo desde las cargas más simples, tales
como haces de leña o bolsas de cereales y granos hasta piedras preciosas. Pero
no le harás caso a la calidad de la carga: has de poner el mismo esfuerzo y
diligencia en llevar con cuidado cualquier peso que puedan poner en tus
espaldas. Por eso serás el gozo y el descanso de tu amo.
Tendrás las orejas grandes para escuchar la voz
de tu amo, que te guiará en cada paso de tu camino.
En
muchos lugares de sequía o de pocos ríos, serás atado a una noria y con la
fuerza de tu trabajo, dando vueltas y haciéndola girar, bombearás el agua del
pozo para plantaciones, huertos, jardines y depósitos de agua. Gracias a tu
trabajo, habrá abundante vegetación en los bosques, verduras en los huertos,
flores de variados colores en los jardines, frutas dulces y sabrosas en las
ramas de los árboles y aguas cristalinas para saciar la sed de otros animales.
No te olvides de esto, porque cuando estés
girando la noria no vas a ver los frutos de tu trabajo. Trabajarás todos los
días de tu vida con la misma presión del arnés, recorrerás el mismo camino
circular, día tras día, semana tras semana, año tras año. Pero, nunca dejes de
oír la canción del agua, que riega las plantas y sacia la sed de los animales.
- Abuelita Zuza, puedo
interrumpir?
- Claro.
- Sabes que yo nunca he visto una noria? Por
supuesto que entendí que se trata de una bomba que está impulsada por la fuerza
del burro, como algunos molinos son impulsados por la fuerza del agua. Pero
¿de dónde sacaste esa idea de noria?
- Miro, no fui yo quien sacó la idea de algún
lugar. Fue Dios quien le habló de ella al burro que acababa de crear. A decir
verdad, tampoco yo nunca he visto ninguna. Mi abuela, que vino de Portugal, fue
la que me contaba las historias del burro de noria. Pero no sé si ella vió o no
una noria, o si alguien le habló de ella. Eso nunca le pregunté. De todos
modos, Dios, al crear el burro, no pensó sólo en los burros de nuestra tierra,
que no impulsan noria alguna, sino en los burros en todo el mundo.
- Discúlpame haberte interrumpido.
Dios continuó diciéndole al burro:
- No te quedarás sin premio. Si algún día al
volver al establo para recibir la ración por tu trabajo y su amo, por
ingratitud, se olvida de ti, estate seguro de que yo nunca me voy a olvidar.
Enviaré al establo uno de mis ángeles con un puñado de terrones de azúcar para
retribuirte todo lo que has hecho por mí.
El burro no había comenzado siquiera a moverse
y ya se sentía muy bien pago. Pero Dios continuó hablándole:
- También debo profetizar que servirás como
montura a las personas más importantes en el mundo. Y lo más esencial de todos,
lo que da pleno sentido a tu vida: un día, uno de tus descendientes estará en
el Pesebre de Belén.
- Abuela
Zuza, será que Dios habló con el burro como si se tratara de un ser inteligente
que pudiese entender?
- ¡Los nietos de hoy ya no son como los de antes! Miro, es claro que si Dios le
habló al burro, es porque le dio la capacidad de entender, de lo contrario ¡no hablaría!
- Ese
burro parece más gente que mucha gente, porque escucha y entiende a Dios.
- Eso es
cierto. Pero, nieto mío, permíteme explicarte bien las cosas para que no las
confundas. Burro es burro, gente es gente, pero Dios ha querido que el burro
fuese una figura de gente.

